Las escamas de este animal, estaban enlistadas como uno de los ingredientes aprobados por la medicina tradicional china en 2020. En un intento de frenar el comercio de esta especie de oso hormiguero escamoso, el gobierno de China aumentó la pena que se obtiene por cazar y traficar a la especie. 

Solo en el continente asiático se consumen hasta 200 mil pangolines al año. Se cree que su carne exótica y sus escamas en forma de laminillas, poseen propiedades como la curación de la impotencia y la infertilidad, o la estimulación de la leche durante la lactancia materna.

Mucho antes de la pandemia de Covid-19, enfermedad que se relaciona con los murciélagos y los pangolines, esta especie ya estaba incluida en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y estaba considerada en peligro crítico de extinción. 

Con el surgimiento del SARS-CoV-2, se aplican nuevas disposiciones respecto a su consumo y tráfico, por lo que los activistas esperan que esta medida ponga fin al comercio mundial del pangolín, identificado como un posible anfitrión para el Covid-19.

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