Las campañas de desinformación son intentos coordinados de difundir discursos o noticias falsas y teorías de la conspiración. Se caracterizan por narraciones repetitivas que aparentemente emanan de una variedad de fuentes. Estas narraciones se hacen aún más creíbles cuando son republicadas por amigos de confianza, familiares, figuras de la comunidad o líderes políticos.

Las campañas de desinformación se dan a través de diferentes técnicas de guerra cibernética, incluidos ataques masivos patrocinados por algún Estado dirigidos a grupos, instituciones y empresas considerados adversarios.

Las redes sociales como Twitter y Facebook proporcionan un foro perfecto para campañas de desinformación. Son fácilmente accesibles para elementos extranjeros, que pueden crear cuentas falsas para difundir historias falsas pero aparentemente creíbles.

A principios de este mes, Twitter eliminó más de 170,000 cuentas conectadas a operaciones de propaganda estatales de China, Rusia y Turquía. De estos, se informó que alrededor de 150,000 eran cuentas amplificadoras que aumentaban el número de contenidos.

Según un informe publicado este mes por el Instituto de Política Estratégica de Australia (ASPI), una campaña de influencia persistente a gran escala vinculada a personajes estatales chinos se ha dirigido a personas de habla china fuera de China.

La campaña supuestamente apunta a influir en el debate en línea sobre la pandemia de Covid-19 y las protestas de Hong Kong, entre otros temas importantes.

Twitter está prohibido en China, por lo que hay una oportunidad mínima para que el gobierno chino desarrolle e incruste cuentas de trolls en redes locales de Twitter. En cambio, es probable que China haya pirateado, robado o comprado cuentas legítimas.

Twitter no ha revelado exactamente cómo detectó las cuentas patrocinadas por estos Estados, presumiblemente porque esto les daría a otros gobiernos una guía de como evitar las barreras de seguridad de la plataforma.

Twitter también sugirió que las cuentas desbloqueadas que se publican en China podrían estar actuando de manera maliciosa con la aprobación de su gobierno.

La guerra de la información es una amenaza creciente.
El Departamento del Interior de Australia advirtió que existe una perspectiva realista de que agentes extranjeros puedan entrometerse en la política australiana, incluso en las próximas elecciones federales, a menos que se tomen medidas para evitarlo.

Un informe de la Universidad de Oxford publicado el año pasado sugirió que se han realizado campañas organizadas de manipulación de redes sociales en 70 países.

Quizás el ejemplo más infame de una campaña de desinformación a gran escala vino de Rusia en 2016, cuando se desplegó una campaña coordinada para entrometerse en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Al igual que Rusia, China parece estar invirtiendo recursos sustanciales en campañas de desinformación.

Durante los terribles incendios forestales del verano pasado, se encontró una gran cantidad de cuentas de bots de Twitter publicando #ArsonAttack, para perpetuar la idea de que los incendios eran en gran parte atribuibles a incendios provocados, en lugar de al cambio climático. Las falsas afirmaciones fueron tomadas por las publicaciones de News Corp, que luego influyeron en el debate en torno a la crisis.

Tales reclamos siembran confusión entre el público. Aumentan la polarización política y erosionan la confianza en los medios y las instituciones políticas.

La mejor defensa es colectiva.
Si bien podemos esperar que Twitter haga esfuerzos para detectar cuentas maliciosas que difunden mentiras, no podemos asumir que los agentes patrocinados por Estados y gobiernos se sentarán y no harán nada en respuesta. Los gobiernos han invertido demasiado en tales ataques, y las campañas han demostrado ser exitosas.

El medio de defensa más fácilmente disponible, es la educación del usuario. Los usuarios de las redes sociales de todas las tendencias políticas deben ser conscientes de que lo que ven en línea puede no ser exacto, y deben ser vistos con ojo crítico.

Algunos de nosotros somos mejores para diferenciar entre lo que es real y lo que es falso en línea, y podemos ayudar a filtrar el contenido que no es confiable, no está verificado o está completamente equivocado. Las formas simples de hacer esto incluyen exponer los hechos y ofrecer explicaciones que coincidan con las creencias preexistentes del otro.

También es importante recordar cómo pequeñas acciones, como me gusta» y retuitear el contenido, pueden difundir aún más la desinformación, independientemente de la intención.

 

 

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